El crecimiento exponencial del Barcelona como equipo le ha llevado a firmar un Top 16 histórico (10-0, de momento). El dato en los últimos 20 partidos en todas las competiciones es un excelente 18-2. Conviene recordarlo para calibrar en su justa medida al Real Madrid de Laso, que lleva las mismas derrotas desde que arrancó la temporada. A veces, lo cotidiano deja de ser importante y se pierde la perspectiva, pero resulta imposible no subrayar una trayectoria para la que conviene frotarse los ojos. De todas maneras, su último triunfo, el 47º del curso, no fue uno más de una larga cuenta que parece destinada a entrar en los libros.
El Madrid ya no tiene la necesidad de demostrar nada a estas alturas. Su lucha es contra sí mismo. El partido contra el CSKA demostró su envergadura, por si hacía falta. Victoria ante otro aspirante a la Euroliga y por 14 puntos, la misma losa de Moscú. El equipo de Laso gana en todos los escenarios, cambiando sus registros. Antes era devorado por los partidos duros y físicos, por rivales que le miraban por encima del hombro. Ya no.
El partido de Moscú lo tiró. No lo abordó como era necesario ni en el apartado logístico (viaje) ni en el mental ni casi en el deportivo. Era un buen día para perder y no llegar a la Copa invicto. Así se acababa la historia de los invencibles. Quizá si hubiera competido a tope, aterrizando en el corazón de Rusia dos días antes para superar el 'jet lag' y hacer algo más que la sesión de tiro oficial, y con alguna derrota previa en las maletas, también hubiera caído ante el gran CSKA, que aquel día no tuvo a Weems ni a Hines. O quizá no.
El del Palacio sí lo preparó como requería la ocasión. Pudo jugar el domingo ante el Murcia en la última jornada de la Liga y lo hizo el sábado, 48 horas después del combate de Múnich, para ganar una fecha. Trabajó una zona 3-2 con Darden arriba, inédita en esta temporada. Su concentración fue máxima: sólo dos pérdidas (récord de la Euroliga) ante una defensa tan física y agobiante como la del CSKA. Dio 19 asistencias. Dominó el rebote. Sus ?centers?, tan contestados en ocasiones, estuvieron a la altura, tanto Bourousis como Mejri, ante el ogro Krstic. Dejó en 79 puntos a un rival no muy desacertado. El campeón ruso tuvo un 58,5% en tiros de dos y un 53,8% en triples. Su victoria, más que efectista, fue rotunda. Sirvió para cumplir un año sin perder un partido en casa. Factor cancha.

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